Este libro trata del éxito personal de cada uno de nosotros. El éxito significa realizaciones como resultado de nuestros propios esfuerzos y habilidades. La preparación adecuada es la clave de nuestro éxito.
Babilonia llegó a ser la ciudad más rica del mundo porque sus ciudadanos fueron el pueblo más rico de su tiempo. Ellos apreciaron el valor del dinero. Ellos practicaron los sólidos principios financieros para conseguir dinero, ahorrar dinero y hacer que su dinero ganara más dinero. Ellos se proporcionaron lo que todos deseamos… ingresos para el futuro.
En la vieja Babilonia vivió un cierto hombre muy rico llamado Arkad. A lo largo y a lo ancho era famoso por su gran riqueza. También era famoso por su liberalidad. Era generoso en sus caridades. Era generoso con su familia. Era liberal en sus propios gastos. Pero sin embargo cada año su riqueza aumentaba más rápidamente que lo que gastaba.
–Encontré el camino a la riqueza cuando decidí que una parte de todo lo que ganaba era mía para ahorrarla. Y así también lo deberás hacer tú.
No deberá ser menos de una décima parte, no importa qué tan poco ganes. Puede ser tanto como tú te lo puedes permitir. Págate tú primero. No compres del sastre y del zapatero más de lo que puedes pagar del resto; y todavía deja suficiente para comida, caridad y penitencia a los dioses.
–La riqueza, como un árbol, crece de una pequeña semilla. El primer penique que ahorras es la semilla de la cual tu árbol de riqueza crecerá. Y entre más fielmente lo nutras y lo riegues con constantes ahorros, más pronto podrás descansar plácidamente bajo su sombra.
Una parte de todo lo que gano es mía para ahorrarla. Díganlo en la noche. Díganlo a cada hora, cada día.
Díganse esto a ustedes mismos hasta que las palabras se destaquen como letras de fuego a través del cielo. Impresiónense con la idea. Llénense con ese pensamiento. Luego tomen cualquier porción que les parezca razonable. Que no sea menos de la décima parte. Y ahórrenla. Arreglen sus otros gastos para hacer esto posible. Pero ahorren esa porción primero. Pronto se darán cuenta de qué rico sentimiento es poseer un tesoro sobre el cual únicamente ustedes pueden disponer. Conforme crezca, los estimulará.
Una nueva alegría de vida los emocionará. Desarrollarán mayores esfuerzos para ganar más. Pues con sus ganancias aumentadas ¿no será el mismo porcentaje también de ustedes, para ahorrarlo?
Luego aprendan a hacer que sus tesoros trabajen para ustedes. Háganlos sus esclavos, hagan de sus hijos y los hijos de sus hijos trabajen para ustedes. Aseguren un ingreso para el futuro. Observen a los ancianos y no olviden que vendrán los días en que ustedes también serán como ellos. Por lo tanto, inviertan sus tesoros con gran precaución, para que no los pierdan.
Asesórense de hombres sabios. Busquen en Consejo de hombres cuyo trabajo diario sea el manejo de dinero.
Disfruten la vida mientras estén aquí. No se esfuercen demasiado ni traten de ahorrar mucho. Si un décimo de lo que ganan, es todo de lo que ustedes pueden cómodamente ahorrar, estén contentos con ahorrar esa porción. Vivan de acuerdo con sus ingresos, y no se hagan miserables y temerosos de gastar. La vida es buena y es rica de cosas que vale la pena disfrutar.
Estudien reflexivamente sus hábitos de vida. Aquí se puede encontrar muy a menudo ciertos gastos aceptados que sabiamente que pueden reducir o eliminar. Que su lema sea exigir a cada moneda gastada el cien por ciento de su valor estimado.
Por lo tanto, graben sobre la arcilla cada cosa por la cual desean gastar. Seleccionen aquellas que son necesarias y otras que son posibles a través del gasto de los nueve décimos de su ingreso. Tachen el resto y considérenlo sólo una parte de la gran multitud de deseos que deben seguir insatisfechos y no lamentarlos.
Presupuesten luego sus gastos necesarios. No toquen el décimo que está engordando sus bolsas. Que éste sea su gran deseo que está siendo satisfecho. Sigan trabajando con su presupuesto, sigan ajustándose a él para ayudarse. Háganlo su primer ayudante en defender vuestra bolsa gorda.
Presupuesten sus gastos para que puedan tener dinero con que pagar sus necesidades, pagar sus disfrutes y satisfacer sus deseos valiosos, sin gastar más que nueve décimos de vuestras ganancias.
Pon cada moneda a trabajar para que pueda reproducir su especie como el rebaño del campo y ayude a traerte ingresos, un chorro de riqueza que fluirá constantemente a tu bolsa.
Protege tu tesoro de posibles pérdidas invirtiendo solamente donde el capital esté seguro, donde se pueda reclamar si se desea y donde no fallarás en cobrar un interés justo. Consulta con los hombres sabios. Sigue el consejo de aquellos experimentados en el manejo provechoso del oro. Que su sabiduría proteja tu tesoro de inversiones inseguras.
Así vienen muchas bendiciones al hombre que posee su propia casa. Y grandemente se reducirá su costo de vida, haciendo accesible más de sus ganancias para diversiones y para satisfacción de sus deseos.
Haz provisión para las necesidades de tu vejez y la protección de tu familia.
Entre más sabiduría tengamos, más podemos ganar. El hombre que busca aprender más de su oficio será ricamente recompensado. Si es un artesano, puede buscar aprender los métodos y las herramientas de aquellos más hábiles en el mismo oficio. Si trabaja con las leyes o la medicina, puede consultar o intercambiar conocimientos con otros compañeros de su profesión. Si es un comerciante, puede buscar continuamente mejores artículos que se puedan comprar a precios más bajos.
La buena suerte se puede atraer aceptando la oportunidad.
Aquellos ansiosos de atrapar las oportunidades para su mejoramiento atraen el interés de la buena diosa. Ella está siempre ansiosa de ayudar a aquellos que le agradan. Los hombres de acción le agradan más. La acción te conducirá hacia delante, hacia el éxito que deseas.
La riqueza que viene rápidamente, se va en la misma forma.
El oro trae a su poseedor responsabilidades y un cambio de posición con sus semejantes trae el temor de una posible pérdida. Trae el temor de ser estafado. Trae un sentimiento de poder y habilidad para hacer el bien.
Está bien ayudar a aquellos sobre los cuales la desgracia ha puesto su pesada mano. Está bien ayudar a aquellos que están comenzando, para que puedan progresar y ser valiosos ciudadanos.
Pero la ayuda ha de ser dada sabiamente, para que en nuestro deseo de ayudar, no tomemos sobre nosotros la carga que pertenezca a otro.
En las páginas de la historia no existe una ciudad más encantadora que Babilonia. Su mismo nombre conjura visiones de riqueza y esplendor. Sus tesoros de oro y joyas fueron fabulosos. Uno naturalmente se imagina que tan rica ciudad estaba localizada en un apropiado ambiente de esplendor tropical, rodeada de ricos recursos naturales de bosques y minas. Éste no era su caso. Estaba localizada junto al río Éufrates, en un valle plano y árido. No tenía bosques ni minas, ni siquiera piedras para construir. No estaba ni siquiera localizada en una ruta comercial natural. La lluvia era insuficiente para levantar cosechas.
Babilonia es un ejemplo sobresaliente de la habilidad del hombre para conseguir grandes objetivos usando cualquier medio que esté a su disposición. Todos los recursos, de sostenimiento de esta gran ciudad fueron, desarrollados por el hombre. Todas sus riquezas fueron hechas por el hombre.

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