Ir al contenido principal

Evite ser Utilizado - Wayne Dyer



Esta obra pone a su alcance un conjunto de métodos prácticos y originales, a veces sorprendentemente insólitos, para librarse de las presiones y manipulaciones proyectadas a menudo sobre usted.
Entre rasgos de humor y con grandes cantidades de sentido común, el doctor Dyer le pone en las vías de ese cambio que le ayudará a contrarrestar los desafueros de funcionarios intratables, colaboradores abusones, parientes egoístas y, con demasiada frecuencia, de usted mismo.
Para vivir su propia vida del modo que prefiera, uno tiene que ser un poco rebelde. Ha de manifestarse deseoso y resuelto a arreglárselas por sí mismo.
La vida de cada persona constituye un caso único, aislado del caso de las otras vidas, en un sentido auténticamente empírico. Nadie puede vivir la vida de usted, experimentar lo que usted experimenta, introducirse en su cuerpo y tener las vivencias del mundo que usted tiene y tal como usted las tiene. Ésta es la única vida de que usted dispone y es demasiado preciosa para permitir que los demás se aprovechen de ella.
Las personas más libres del mundo son aquellas que están dotadas del sentido de su paz interior: Simplemente se niegan a dejarse desequilibrar por los caprichos del prójimo y son serenamente eficaces en la tarea de regir su propia vida.
¿Actúa usted típicamente desde posiciones de debilidad o desde posiciones de fortaleza? La primera y principal norma para no convertirse en víctima es: No operar nunca desde la debilidad.
No ser víctima empieza con el principio de decir y creer que uno es valioso, lo que se confirma en la práctica cuando comienza a comportarse como ente humano meritorio.
Ser eficaz significa sencillamente aplicar todos sus recursos personales y emplear todos los métodos de que disponga, siempre y cuando no atropelle al prójimo, para alcanzar sus metas. Su propia valía y eficacia personales son las piedras angulares de la operación desde la fortaleza.
Nunca sabrá qué se siente al desembarazarse de un temor hasta que acepte el riesgo de enfrentarse a él. Puede hablar con su terapeuta hasta quedarse ronco o convertirse en rana, puede rumiar hasta que le escuezan los dientes y le sude el cerebro y puede escuchar a los amigos que le digan que no hay nada de qué tener miedo hasta que el caracol del oído se le venga abajo, pero no comprenderá de verdad hasta que actúe. Del mismo modo que nadie puede enseñarle a tener miedo, nadie puede tampoco enseñarle a no tener miedo. Sus temores son sensaciones exclusivamente suyas, y sólo usted tiene que enfrentarse a ellos.
La predisposición a enfrentarse al miedo se llama valor. Le resultará bastante arduo dominar sus temores, a menos que no le cueste ningún trabajo hacer acopio de valentía, incluso aunque comprobará que ya la posee, si está dispuesto a darse cuenta de ello.
Valor significa salir al encuentro de las críticas, confiar en sí mismo, estar preparado para aceptar las consecuencias de todas sus oposiciones y para sacar de ellas las oportunas enseñanzas. Significa creer en sí mismo lo suficiente y vivir de acuerdo con sus preferencias, de forma que pueda cortar las riendas que otras personas empuñen y utilicen con vistas a llevarle en dirección contraria a los deseos de usted.
A continuación se exponen algunas estrategias que le ayudarán en sus relaciones con los demás, indicándole cómo actuar desde tesituras de fortaleza y confianza, en típicas «situaciones de víctima» que enfrentan todos los seres humanos.
  • A partir de este momento, pruebe a dejar automáticamente de pedir permiso para hablar, pensar o actuar.
  • Mire directamente a los ojos de las personas con las que habla. Cuando usted baja la vista o la desvía lateralmente, indica que realmente no está seguro de sí mismo y se coloca en superlativa situación de víctima potencial. Al mirar directamente a su interlocutor, incluso aunque usted esté nervioso, envía el mensaje de que no le asusta lo más mínimo tratar con la persona que tiene enfrente.
  • Su postura y lenguaje corporal deben transmitir confianza en sí mismo y fortaleza personal. Manténgase erguido al máximo. Cuando se siente, evite repantigarse. No se oculte la cara con las manos ni se apriete éstas nerviosamente. Si piensa con confianza, puede eliminar también tics, muecas e incluso sonrojos. Y bable en tono firme y no con voz apagada, sumisa o débil.
  • Trabaje sobre su forma de expresarse, particularmente en la supresión de pausas e incesantes muletillas: «ejem», «hummm», «ya sabes», «o sea». Estos hábitos proclaman inseguridad y ahogan la comunicación efectiva. Si es necesario, hable más lenta y premeditadamente. Si decide tomar conciencia de su propio lenguaje, puede modificar de la noche a la mañana su floja manera de expresarse.
  • Llame por su nombre de pila a las personas a las que está acostumbrado a dar tratamiento. Incluso aunque sólo sea por una vez con su dentista, médico, abogado, etcétera, pruebe y observe los resultados.
Sea sincero y abierto en lo que se refiere a su persona. Entréguese cuando le parezca bien hacerlo. Deseche la idea de que no puede manifestarse tal como es, porque resulta peligroso. Si no quiere descubrirse, es una cosa, pero si es el miedo lo que se lo impide, es otra completamente distinta.
Para operar desde la tesitura de fortaleza, empiece por depositar una confianza absoluta en sí mismo y por no poner a los demás en situaciones de mando, por encima de usted.
El arte de olvidar puede ser esencial para el arte de vivir. Todos esos espantosos recuerdos que tan cuidadosamente ha ido usted almacenando en su cerebro distan mucho de merecer que los rememore. Como dueño y señor de lo que se alberga en su cabeza, no tiene por qué elegir conservarlos.
Albert Einstein declaró una vez: «Los grandes espíritus siempre han tropezado con violenta oposición por parte de las mentes mediocres».
Una verdad como un templo. Si uno quiere alcanzar su propia grandeza, escalar sus propias montañas, tendrá que utilizarse a sí mismo como primero y último asesor. La única alternativa consiste en atender la violenta oposición de prácticamente todos cuantos aparezcan en su camino.
Las masas siempre le compararán con los demás, puesto que es el arma de manipulación que tienen para imponer la conformidad. La postura antisometimiento conlleva para uno la inflexible negativa a emplear otras personas como modelo para uno mismo, así como el aprendizaje de la manera de desactivar los esfuerzos sojuzgadores de otros para compararle y controlarle a uno.
Cuando empiece a desarrollar su confianza en sí mismo, le abandonará el deseo de que todos escuchen sus historias y la soledad le resultará más aceptable. La intimidad es una parte muy importante de su vida, necesaria para su propia sensación de bienestar. Querer que todos entiendan y compartan cuanto usted piensa, siente, hace y dice es una actitud autosojuzgadora.
Para sentirse satisfecho, uno no tiene por qué encontrarse rodeado de personas, ni tener siempre a otros con quien compartir las cosas y que le entiendan a uno. A decir verdad, uno se encontrará convertido en víctima si alimenta esa clase de expectativas, o si permite que otros allegados se las impongan. Hace falta poseer cierta dosis de valor para insistir en la intimidad de uno, particularmente cuando otras personas insisten, por su parte, en que los deseos de intimidad de uno son repulsas que se les hacen a ellas.
El sistema más sencillo y normalmente más razonable de tratar con la gente malhumorada que no desea cambiar de talante consiste en mantenerse distanciado de ella. Esto puede parecer duro, pero es una estrategia muy útil.
No está usted obligado a compartir los infortunios de las personas amargadas, ni siquiera tiene por qué alternar con ellas. Rodéese de caras alegres —de personas deseosas de crecer y disfrutar—, en vez de individuos quisquillosos y personas que se quejan constantemente de la manera en que el mundo las trata. Desde luego, uno puede brindar consuelo y ayuda al infeliz crónico, pero fuera de eso, particularmente cuando la mano que uno tiende se ve rechazada con reiteración, a lo que uno está obligado es a evitar la compañía de personas que puedan abatirle.
Ejercite la práctica de ser discretamente efectivo mediante el sistema de retrasar el anuncio de sus éxitos. Deje transcurrir una, dos o tres horas y pregúntese después si aún desea contárselo a alguien. Esto es particularmente útil cuando se trata de noticias que le harán a usted parecer superior a la persona a la que informa. El sistema de la demora da resultado porque, tras una espera de varias horas, o incluso días, uno ya no experimenta la urgente necesidad de presentarse como ganador y, una vez la noticia sale a relucir (si es que sale), parecerá que uno viene a ser… una persona que se toma los triunfos con calma y modestia.
Muchas personas presuponen que ser enérgico significa mostrarse desagradable, antipático o deliberadamente insultante, pero no es así. Significa efectuar declaraciones audaces y llenas de confianza, en defensa de los derechos de uno o de su posición de redimido.
Aprenda a decir ¡NO! Ésta es una de las palabras más ilustrativas del mundo. Olvide los quizá, rodeos e indecisiones que proporcionan al prójimo espacio y ocasión para no comprender lo que usted quiere decir. Comprobará que todos los temores respecto a esta sencilla y básica palabra residen dentro de usted. La gente respeta un firme NO mucho más que un prolongado andarse por las ramas para disimular los verdaderos sentimientos de uno, y también le respetará más si usted emplea el término cada vez que le resulte necesario. Colóquese delante de un espejo y ejercítese en el ¡No! ¡No! ¡No! El poder está ahora en sus manos, sólo tiene que aceptar el riesgo y hacerlo… ¡AHORA!
La persona más importante del mundo, a la que debe ser inquebrantablemente leal, es usted mismo. Uno sólo dispone de una vida y dejar que la controle una empresa o cualquier otra institución es particularmente insensato, cuando se considera la gran cantidad de alternativas que se ofrecen.
No hace falta mucha riqueza material para ser feliz. Observe a esos niños que aún no se han estropeado. La realidad es que no necesitan dinero, ni juguetes, ni nada. Déjelos tranquilos y comprobará que disfrutan lo suyo, simplemente con el hecho de estar vivos. Lo mismo puede hacer usted, siempre y cuando esté dispuesto a reordenar su lista de prioridades y poner el acento sobre lo que realmente importa: la vida en sí misma.
Igual que su cuerpo necesita, para mantenerse sano y funcionar a pleno rendimiento, una idónea sucesión alternativa de ejercicio y descanso, a su mente le ocurre tres cuartos de lo mismo. Aprender el modo de sosegar la mente y permitir que se vea exenta de la función de pensar, analizar, imaginar y revivir constantemente el pasado, es un arte de la máxima importancia, que debe cultivarse mientras uno se esfuerza en la tarea de minimizar sus juicios autodesvalorizadores acerca de la realidad.
La enorme importancia que últimamente concede nuestra cultura a la meditación manifiesta el deseo natural que albergamos de aprender el modo de colocar nuestro cerebro en reposo, frente a la actividad frenética del mundo moderno, y que sin embargo continúe en condiciones de funcionar. La meditación no es una disciplina esotérica que conlleve la necesidad de destinar tiempo (y dinero) a las sesiones con un gurú especializado que le proporcione a uno los secretos de los antiguos maestros. La meditación es un proceso sencillísimo que le permite a usted aliviar las tensiones, la ansiedad acumulada en su mente a causa del esfuerzo excesivo, mediante el sencillo procedimiento de hacer que el cerebro se relaje y permanezca en silencio.
La actividad sexual es otro terreno en el que se necesita dejar en paz la mente, si uno quiere abrirse paso hacia la participación en la realidad, sencilla y sin complicaciones de juicios de valor. ¿Ha oído usted decir alguna vez que a un mozalbete de catorce años hay que enseñarle el modo de conseguir la erección? Claro que no. Pero sí es probable que tenga usted noticia de que a ejecutivos de cuarenta y cuatro años hubo que aleccionarles para que recordaran el modo de lograr que se les enderezase. La impotencia, como otros «retraimientos» de la conducta natural, la originan generalmente preocupaciones, distracciones, inquietudes, conflictos… tener en la cabeza algo que no deja que lo demás siga su curso, algo como problemas en el trabajo, lo que no permite al cuerpo hacer lo que sabe hacer mejor que cualquier otra cosa. Lo irónico de la mayor parte de la terapia sexual estriba en que se proyecta sobre la enseñanza a las personas para que dejen de pensar en y preocuparse de la ejecución del acto carnal, y liberarse así de la presión que han acumulado sobre el cuerpo, a través de la mente activa y vibrante que, por su parte, puede bloquear fácilmente la operatividad del cuerpo. Limitándose a estar con su pareja y disfrutar del sexo, en vez de dejar que el cerebro vaya en todas direcciones, uno gozará de las experiencias eróticas más sensacionales.
El régimen dietético y el comer en demasía aportan dos ejemplos primordiales de cómo el exceso de actividad mental puede sojuzgarle a uno. Su organismo conoce el modo de encontrar el peso normal del cuerpo. Si usted está más gordo de la cuenta, casi con toda certeza puede afirmarse que la culpa la tiene su cerebro, y que ello no se debe a deficiencias corporales. Si deja usted de idolatrar la comida y adopta la decisión de no tomar un bocado más en cuanto su cuerpo deje de tener apetito, ni siquiera deberá molestarse en pensar en dieta o régimen alguno. Por regla general, su cuerpo se sentirá saciado con unas cuantas cucharadas de comida.
Uno de los sistemas más eficaces para adelgazar consiste en ir depositando en el plato las cucharadas de comida de una en una. Después de cada bocado, pregunte a su cuerpo si todavía tiene hambre. Cuando la respuesta sea negativa; deje de comer y no tome nada más hasta que el cuerpo se lo pida. Aliméntelo sólo lo suficiente para saciarlo. Al cuerpo no le gusta estar sobrecargado, hinchado y barrigudo; le resulta penoso verse alimentado en exceso, y si usted apacigua la glotonería de su mente y sintoniza el cerebro de modo que capte las numerosas señales que envía el cuerpo para que suspenda usted su comportamiento atiborrante, llegará a una tregua con él y el cuerpo le recompensará ajustándose a su peso óptimo. Todos esos calambres y tirones, esa respiración jadeante cuando sube usted una escalera, esa depresión, esos dolores, etcétera, son señales de su cuerpo, que desea que le deje en paz y coma usted nada más que lo necesario para que él funcione. Acalle su mente en lo referente a la ingestión de alimentos y pronto será el físicamente apropiado espécimen que en realidad es dentro de ese adiposo mental y contraproducente exterior.
En su interior, dispone usted de los poderes y la capacidad necesaria para reducir sensiblemente su índice de víctima. A usted le corresponde la elección: O acciona usted sus mandos personales y disfruta llevando las riendas de su existencia durante el breve paso de la misma por este planeta llamado Tierra o deja que sean otros quienes lo hagan y pasa usted su vida desazonado y dominado por los sojuzgadores del mundo. Si se lo permite, ellos se entregarán con entusiasmo y sumo gusto a tal labor, pero si usted se niega a consentírselo, la caza de la víctima se habrá terminado definitivamente en lo que a usted concierne.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Poder de la Mente Subconciente - Joseph Murphy

Estamos rodeados de riquezas infinitas. Si usted abre los ojos de su mente podrá descubrir el templo de los tesoros infinitos que hay dentro de usted, donde usted tiene una mina de oro de la cual puede extraer cuanto necesite para su vida, abundancia, felicidad y gloria. Muchísimas personas se encuentran dormidas porque ignoran la existencia de esta mina de oro dotada de infinita inteligencia y amor, la cual se halla dentro de ellos mismos. Cualquier propósito suyo podrá llevarlo a cabo. Una pieza de acero imantado levanta hasta doce veces su propio peso, pero si a esta pieza se le quita el poder magnético no podrá levantar ni un alfiler. Asimismo hay dos tipos de hombre: El hombre magnetizado lleno de confianza y fe que sabe ha nacido para tener éxito en la vida. Detrás de él está el hombre desmagnetizado lleno de miedos y dudas; cuando se le presenta una oportunidad dice: “Yo fallaré”, “Perderé mi dinero”. “La gente se reirá de mí”. Este tipo de hombre no irá muy lejos porqu...

El Poder de la Atracción - Joe Vitale

Lo que mantienes en tu mente con energía y firmeza tenderá a ser creado en tu realidad. Aquí está el secreto, lo que yo llamo el atajo para crear la vida de la manera que tú quieras que sea: Sé feliz ahora. Todo comienza con la fórmula de cinco pasos: Paso Uno La naturaleza de nuestras conversaciones, nuestro periódico, nuestra radio y televisión y nuestros programas de entrevistas populares nos rodean con ideas de lo que no queremos Si quieres alcanzar grandes sueños en los negocios, tienes que salir de tu círculo o red de compañeros y socios. Necesitas estar con un grupo con conexiones más amplias, más fuertes, más ricas. Deberás salir de tu nivel (y zona cómoda) para hacerlo, pero merece la pena dar el paso. Céntrate en la carencia y conseguirás carencia, Céntrate en tu espalda mala y tendrás peor tu espalda. Así que, para el Paso Uno, todo lo que necesitas hacer es observar en qué te has estado concentrando. ¿Dónde están tus pensamientos? ¿Dónde está tu conver...

La Vaca - Camilo Cruz

La vaca simboliza todo aquello que te mantiene atado a la mediocridad. Una vaca puede ser una excusa. Una vaca también puede ser un pensamiento irracional que te paraliza y no te deja actuar. En ocasiones las vacas toman la forma de falsas creencias que no te permiten utilizar tu potencial al máximo. Las justificaciones, por lo general, son vacas. Éstas son explicaciones que has venido utilizando para justificar por qué estás donde estás, a pesar de que no quisieras estar ahí. Cierto tipo de pensamientos se convierten en vacas porque no nos dejan actuar y nos paralizan. Un ejemplo de esto es la tan común idea de: “Yo soy una persona realista”. ¿Si ves? Si le preguntas a una persona positiva si ella es optimista, con seguridad te dirá que sí. No obstante, si le preguntas a una persona negativa si ella es pesimista, seguramente te responderá algo así: “Yo no soy pesimista, yo simplemente soy realista”. Si te das cuenta, éste es un pensamiento que no sólo te impide ver tu...